El desarrollo humano se despliega en dos faDesarrollo Humano y Trauma: Una Historia de Crecimiento Subconsciente y Consciente
- itsbrisa
- Jan 17, 2025
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ses principales, cada una desempeñando un papel clave en cómo percibimos y respondemos al mundo: la fase de programación subconsciente (0-7 años) y la fase de desarrollo consciente (a partir de los 7 años). Estas etapas moldean nuestro bienestar psicológico, emocional y espiritual, y el trauma puede impactarlas significativamente. Exploremos estas fases a través de una narrativa ilustrativa que revela el poder de las experiencias tempranas y el camino hacia la sanación.
La fase de programación subconsciente (0-7 años)
Imagina la mente de un niño como un lienzo en blanco, completamente abierto y listo para absorber el mundo. Desde el nacimiento hasta aproximadamente los siete años, el cerebro opera principalmente en ondas theta, un estado similar a la hipnosis. Durante esta fase, la mente subconsciente actúa como una grabadora, absorbiendo todo sin cuestionar: el tono de voz de un padre, la tensión no expresada en un hogar y la presencia o ausencia de amor.

"Fase de programación subconsciente: Los años formativos en los que la mente absorbe experiencias a través de las ondas theta."
Una historia de huellas tempranas
Imagina a un niño llamado Liam, creciendo en un hogar donde el enojo es una constante. La voz elevada de su padre se convierte en un detonante, incrustando la creencia de que el conflicto es peligroso. Liam aprende a andar de puntillas alrededor de las emociones de los demás, interiorizando un mensaje subconsciente: Mantente pequeño. No llames la atención. Es más seguro así.
Para Liam, estos primeros años son formativos. La mente subconsciente no pregunta por qué—simplemente absorbe. Cuando Liam experimenta traumas como el abandono o el abuso verbal, su cerebro se adapta sobreactivando su amígdala (el centro del miedo). Se vuelve hipervigilante, siempre escaneando en busca de amenazas potenciales, y este patrón se imprime profundamente en su subconsciente.
Los pastizales del subconsciente
En esta fase, los niños están en sus “pastizales verdes,” pero estos campos pueden ser fértiles de amor o estar ensombrecidos por el miedo. El trauma durante esta etapa a menudo crea efectos a largo plazo:
Creencias centrales: “No soy digno” o “No estoy seguro.”
Desregulación emocional: Dificultad para procesar el miedo, la tristeza o el enojo.
Heridas de apego: Problemas de confianza o una dependencia excesiva en otros para validación.
Para Liam, estas experiencias tempranas sientan las bases de cómo responderá al mundo como adulto.
La fase de desarrollo consciente (a partir de los 7 años)
Alrededor de los siete años, ocurre un cambio. El niño comienza a operar más en ondas beta, asociadas con el pensamiento lógico y la reflexión crítica. Esta es la edad de preguntar por qué y comenzar a entender las consecuencias.

"Fase de desarrollo consciente: La transición al pensamiento crítico y la reflexión lógica a medida que las ondas beta toman el control."
Un viaje hacia la consciencia
Cuando Liam llega a la adolescencia, comienza a notar cómo los patrones de su infancia lo influyen. Evita los conflictos a toda costa, incluso en situaciones donde defenderse es necesario. Tiene dificultades para formar amistades cercanas, a menudo sintiéndose desconectado o desconfiado de las intenciones de los demás.
La programación subconsciente de los primeros años de Liam sigue influyendo en sus elecciones, incluso cuando su mente consciente se desarrolla más. Reconoce que sus reacciones—evitar confrontaciones, sentirse ansioso en las relaciones—no se alinean con su comprensión lógica del mundo. Pero el subconsciente opera bajo la superficie, a menudo anulando el pensamiento consciente.
El impacto del trauma en la mente consciente
Para personas como Liam, los traumas no resueltos de la infancia a menudo se manifiestan en la adultez como:
Hipervigilancia: Un estado constante de alerta, esperando peligro incluso en entornos seguros.
Desencadenantes emocionales: Eventos aparentemente pequeños, como un tono brusco, pueden evocar miedo o enojo abrumadores.
Autosabotaje: Creencias subconscientes sobre la falta de valía pueden conducir a comportamientos que dificultan el éxito o la felicidad.
Liam lucha por reconciliar estas dos partes de su mente: el subconsciente, moldeado por el miedo, y el consciente, que busca crecimiento y conexión.
Sanando la división: Uniendo la mente subconsciente y consciente
El camino hacia la sanación implica reconocer la división entre estas dos fases del desarrollo y encontrar formas de integrarlas. Para Liam, esto significa comprender que los patrones de su infancia no son su culpa, pero sí son su responsabilidad sanarlos.
Reprogramación del subconsciente
A través de prácticas como la meditación, la hipnoterapia y el trabajo con el niño interior, Liam comienza a reescribir las creencias arraigadas en su mente subconsciente. Aprende a desafiar las narrativas basadas en el miedo que han moldeado sus reacciones durante tanto tiempo.
Por ejemplo, durante una meditación guiada, Liam se imagina a sí mismo como el niño pequeño que se escondía del conflicto. Suavemente le asegura a ese niño: Ahora estás a salvo. Eres amado. Con el tiempo, esta práctica le permite reemplazar sentimientos de miedo con seguridad y aceptación.
Integración mente-cuerpo
El trauma a menudo desconecta a las personas de sus cuerpos, dejándolas sintiéndose entumecidas o disociadas. Liam comienza a practicar yoga y meditación consciente, que lo ayudan a reconectarse con su cuerpo y sus emociones. Estas prácticas calman su sistema nervioso, reduciendo la respuesta de lucha o huida que ha dominado su vida.
El papel de la espiritualidad
Liam también encuentra fortaleza en la espiritualidad, viendo su camino de sanación como una vía hacia una conexión más profunda con lo divino. El concepto de ser guiado “junto a aguas tranquilas” resuena con él, recordándole buscar momentos de calma y claridad incluso en medio de las tormentas de la vida.
Conclusión: Un tapiz de sanación y crecimiento
El desarrollo humano es un viaje moldeado por las fases subconscientes y conscientes. Los primeros años crean una base, pero las experiencias de trauma y sanación tejen el intrincado tapiz de la vida de una persona. Para Liam—y para todos nosotros—el camino hacia la plenitud implica cerrar la brecha entre estos dos mundos.
A través de la consciencia, la práctica y la fe, el subconsciente puede reprogramarse, permitiéndonos vivir una vida de paz, propósito y conexión. Las cicatrices del trauma pueden permanecer, pero ya no nos definen. En cambio, se convierten en hilos en la gran historia de nuestro crecimiento y transformación.



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